Hace tiempo

 

Hubo un año en que dejamos de salir a la calle y sólo mirábamos por las ventanas, aplaudíamos a los enfermeros y policías desde nuestras casas y balcones, usábamos barbijos para hacer las compras, dábamos clases desde la habitación con el teléfono y la computadora a mano, nos dolían los ojos de tanta pantalla, tomábamos clases desde la habitación con el teléfono y la computadora a mano, nos seguían doliendo los ojos.

Hubo un año en que la angustia y la incertidumbre se nos hicieron comunes. Un año en el que no todos pudimos ir a trabajar y en los bolsillos ni siquiera chasqueaban las monedas.

Hubo un año en el que los abrazos estaban prohibidos y los besos, mucho más. Saludábamos de lejos o con los puños cerrados para apenas tocarnos.

Un año en que las noticias anunciaban trágicos sucesos en aumento diario, y sólo se hablaba de eso.

Un año en que perdimos a muchos de los nuestros, temimos por la muerte tan cercana, no supimos hacia dónde ir porque en todos los lugares del mundo ocurría lo mismo.

Hubo un año que nos movió las estructuras y no nos hizo mejores. Nos puso más individualistas, nos enfrentó con los más queridos, nos encerró en un encierro con el propio yo.

Hubo un año en que no todos estaban en sus casas, ni usaban barbijos, ni usaban pantallas, ni se angustiaban, ni tenían incertidumbre, ni se les movieron las estructuras, ni sintieron que estaban enfrentados con nadie.

Hubo un año en que algunos tenían la certeza de que nada estaba pasando y todo seguiría igual.

Pero el paso del tiempo no les justificó sus argucias.

Hoy somos muy pocos en el planeta. El agua también es poca y mala. El aire para nada transparente. Las plagas se multiplicadas hacen estragos todavía. Y son pocos los alimentos que nos nutren.

Hoy somos pocos en el planeta y no viajamos para conocer otros lugares, ya no hay lugares dignos de conocer.

Hoy somos pocos en el planeta, no hay Estados ni empresas con poder suficiente para arreglar tremendo desastre. Y hemos decidido refugiarnos entre nosotros, volver a mirarnos a las caras, ensayar el hecho de querernos, aprender nuevos-viejos lenguajes para sostener, al menos, nuestra sobrevivencia.

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