Cinco minutos (algunas experiencias futboleras)
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Cinco minutos
Buenas noches. Hoy quiero hablarles de esas actividades que uno no quiere hacer pero está obligado a hacer. Para ejemplo un botón o mejor dicho una pelota. El deporte que te animan desde niño. Vas a ver que te va a gustar. No quiero. Te vamos a hacer barra. No quiero. Van todos tus amiguitos. No quiero. Los nenes juegan fútbol. Está bien voy. Mi padre quería que fuera el Maradona que él no pudo ser. Mi madre. Bueno mi madre quería que fuera contador, médico o abogado. El domingo ritual detrás de la tela un día se convirtió en dentro la tela. Sí. La garganta de mi padre rebosa de contenta al grito de “Vamos Mariano, vos podés”. Mis ojos giran a trecientos sesenta grados. Al salir del túnel todos hacen señal de cruz. Una vez. Yo hago señal de cruz. Unadostresmiles de veces. Las piernas flacas me tiemblan por dentro y por fuera. Le pongo empeño. Siento el viento en mi rostro. Los papeles picados caen sobre mi cráneo. Cada cual ocupa su puesto. Y ya estamos todos al juego. Camiseta naranja. Pantalón blanco. Medias negras. Sacachispas bien calzados. Una pinturita. Hago crujir los dedos de las manos. Ocupo mi puesto con firmeza. Apoyo las nalgas completas sobre la tabla de madera vieja. A mi lado el flaco Cataldo. Miramos a nuestros once de Unión. El Blas no para de dar indicaciones. Más acá. La fácil. Atrás. Tocala. Mirá para arriba. La diferencia es a nuestro favor por diferencia de tres. Faltan cinco para el fin del encuentro. El Blas mira el banco. El flaco Cataldo y yo nos miramos como candidatas de la vendimia. Quién será. Los ojos de ese hombre miran mis ganas. Gesticula y me manda a correr. Orgulloso de ser mejor que el flaco. Salté de un solo salto. Mi tembladuréz se incrementa al ritmo del latido cardíaco. El latido cardíaco galopa por todas mis células. Mis células respiran por mis oídos. Mis oídos perciben un silbato a lo lejos. Alguien me empuja por la espalda. Sin saberlo ya estoy en el círculo central del campo de juego. La pelota va y viene. Viene y va. Escucho voces que me hablan. Siento mis huesos hinchados. La piel se dilata de transpiración. El aire ingresa a chorros. Exhalo saliva. Oigo otro silbato. Más cerca. Todo se calma. No hay dudas del triunfo. Camino tranquilo. Saludo. Sonrío. Me seco el sudor. Cuánta adrenalina me ocupan apenas cinco minutos.
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