Recetario de Tri - Episodio 1

 Recetario de Tri - Episodio 1

Imagen de Frank Winkler


Quisiera naufragar para poder comenzar de nuevo.

Ramiro Hidalgo

 

Casi como si hubiera ocurrido un milagro, la tripulación completa del navío pudo llegar a la costa de la isla en pocos minutos y a fuerza de nado. Nunca se sabrá el motivo del desastre y llegará también el tiempo en que ninguno ya pregunte por ello.

Los 52 náufragos dejaron en esos camarotes sus pertenencias materiales, y en el olvido depositaron los más aferrados recuerdos de un pasado que los trae de orgullo y esplendor. Para nada fácil dejar atrás la vida cómoda de la ciudad que los reunía por veredas de adoquín, pero otra opción no encontraron después de intentar todo tipo de comunicación con las civilizaciones del planeta. El presente se hizo más presente y anduvieron a conocer el paraíso que no habían podido mirar inmediata la tragedia.

El territorio es demasiado extenso a ojos vista, y más aún a pies andar. Variedades irreconocibles de vegetales entorpecen el paso de los nóveles transeúntes, también espantados, a veces, por alguna especie animal que se les atraviesa. Un río pando serpentea desde la única montaña que aparenta ostentar el centro geométrico de la isla. El agua emite un sonido muy particular cuando transita por las piedras, y el viento agota todas las escalas del pentagrama cuando pasa bajito, en dirección a la costa.  

Parece corriente que en los grupos animales y humanos, con mayor efecto en los desorientados, alguno de los miembros se arrogue la tutela de los otros  en pos de algún objetivo. Uno de los cuatro náufragos sexagenarios tomó instintivamente la tarea de guiar aguas arriba al resto de los que obedecieron. A largos días de improvisar caminos, el cabecilla notó la presencia de personas afincadas en ese sitio desde tiempos viejos. Tras evaluar la posible peligrosidad de los lugareños y determinar su eventual tranquilidad, decidieron el intento de cruzar culturas con la población autóctona.

Los náufragos fueron recibidos con ese sentido que combina la amabilidad y la desconfianza que sería difícil nominar en nuestro idioma. Impregnada de frío y lluvia era la mañana en que llegaron los nuevos al playón de la isla donde estaban los originales. Al mirarse ojos con ojos se descubrieron más naturales e intentaron palabras. Para nada sencilla la tarea de comprenderse en lenguas tan disímiles. Los de la isla señalaban la tierra y pronunciaban “Tri”, y el vocablo se repetía cuando se indicaban a ellos como conjunto. Desde ese día los náufragos pudieron comprender que estaban en la isla de Tri desayunando una especie de guiso de garbanzos que generosamente los tri les convidaron a probar hasta recomponer las fuerzas perdidas en el viaje.


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