Recetario de Tri - Episodio 1
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Recetario de Tri - Episodio 1
Quisiera naufragar para poder comenzar
de nuevo.
Ramiro Hidalgo
Casi como si hubiera
ocurrido un milagro, la tripulación completa del navío pudo llegar a la costa
de la isla en pocos minutos y a fuerza de nado. Nunca se sabrá el motivo del
desastre y llegará también el tiempo en que ninguno ya pregunte por ello.
Los 52 náufragos
dejaron en esos camarotes sus pertenencias materiales, y en el olvido
depositaron los más aferrados recuerdos de un pasado que los trae de orgullo y
esplendor. Para nada fácil dejar atrás la vida cómoda de la ciudad que los
reunía por veredas de adoquín, pero otra opción no encontraron después de
intentar todo tipo de comunicación con las civilizaciones del planeta. El
presente se hizo más presente y anduvieron a conocer el paraíso que no habían
podido mirar inmediata la tragedia.
El territorio es
demasiado extenso a ojos vista, y más aún a pies andar. Variedades
irreconocibles de vegetales entorpecen el paso de los nóveles transeúntes,
también espantados, a veces, por alguna especie animal que se les atraviesa. Un
río pando serpentea desde la única montaña que aparenta ostentar el centro
geométrico de la isla. El agua emite un sonido muy particular cuando transita
por las piedras, y el viento agota todas las escalas del pentagrama cuando pasa
bajito, en dirección a la costa.
Parece corriente que
en los grupos animales y humanos, con mayor efecto en los desorientados, alguno
de los miembros se arrogue la tutela de los otros en pos de algún objetivo. Uno de los cuatro
náufragos sexagenarios tomó instintivamente la tarea de guiar aguas arriba al resto
de los que obedecieron. A largos días de improvisar caminos, el cabecilla notó
la presencia de personas afincadas en ese sitio desde tiempos viejos. Tras
evaluar la posible peligrosidad de los lugareños y determinar su eventual
tranquilidad, decidieron el intento de cruzar culturas con la población
autóctona.
Los náufragos fueron
recibidos con ese sentido que combina la amabilidad y la desconfianza que sería
difícil nominar en nuestro idioma. Impregnada de frío y lluvia era la mañana en
que llegaron los nuevos al playón de la isla donde estaban los originales. Al
mirarse ojos con ojos se descubrieron más naturales e intentaron palabras. Para
nada sencilla la tarea de comprenderse en lenguas tan disímiles. Los de la isla
señalaban la tierra y pronunciaban “Tri”, y el vocablo se repetía cuando se
indicaban a ellos como conjunto. Desde ese día los náufragos pudieron
comprender que estaban en la isla de Tri desayunando una especie de guiso de garbanzos
que generosamente los tri les convidaron a probar hasta recomponer las fuerzas
perdidas en el viaje.
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